h1

Marcelo Ebrard Causabón… ¿Proyecto o Realidades?

octubre 21, 2011

Marcelo Ebrard nació en la Ciudad de México, estudió la escuela primaria y secundaria en el Colegio Simón Bolívar, preparatoria en la Universidad La Salle y la licenciatura en Relaciones Internacionales en el Colegio de México de donde se graduó en 1984 con la tesis “Congreso y democracia en México”. Asimismo cuenta con una especialidad en administración pública, en la ÉNA, en París, Francia.

Casado en primeras nupcias con Francesca Ramos Morgan, quien había sido su compañera como estudiante de relaciones internacionales durante su paso por el Colegio de México. Tiene tres hijos de su primer matrimonio. Una semana después de las elecciones del 2 de julio de 2006, Ebrard contrajo nupcias por segunda ocasión con la actriz, pintora y escultora, Mariagna Prats, de la cual se divorcio en enero de 2011. El 08 de octubre del mismo año (2011) a tres días de su cumpleaños número 52 y justo al inicio del proceso electoral en el que busca una candidatura para ser Presidente de México, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, se casó con la ex embajadora de Honduras, Rosalinda Bueso.

El día 30 de Marzo de 2011 Marcelo Ebrard dio a conocer públicamente su intención de contender por la candidatura de su partido a la Presidencia de la República en el 2012; como plataforma de precampaña fundó su movimiento “Vanguardia Progresista”. El día 11 de Junio de 2011 la corriente perredista de Jesús Ortega, “Nueva Izquierda”, también conocidos como “Los Chuchos”, lo nombraron precandidato de su partido a la Presidencia de la República. En contraparte la corriente “Izquierda Democrática Nacional”, dirigida por Dolores Padierna, se pronuncio en favor de Andrés Manuel López Obrador.

De 1989 a 1990 fue secretario general del PRI en el Distrito Federal.1

En 1989, fue Director General del Gobierno del Distrito Federal, en 1992 fue nombrado Secretario General del entonces Departamento del Distrito Federal y, brevemente, Subsecretario de Relaciones Exteriores de 1993 a 1994. Todos estos cargos bajo el mando de Manuel Camacho Solís.

En 1997, Ebrard fue electo diputado por el Partido Verde Ecologista de México, sin embargo, meses después, en 1998, renuncia a un instituto político al que nunca perteneció. A partir de entonces, se asumió como diputado independiente.

Durante su estancia en el Congreso de la Unión, fue de los principales gestionistas en contra del Fobaproa, un fondo de financiamiento que tenía como objetivo el rescate de los bancos en quiebra, con cargo al erario público. Según él, el Fobaproase encontraba plagado de irregularidades y casos de gran corrupción.

Junto con Manuel Camacho Solís, el ex gobernante de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard fundó el Partido de Centro Democrático, un partido centrista que buscaba exponer al nacionalismo y a la democracia como sus principales cartas. El partido participó en las elecciones de 2000 con Camacho como candidato a la presidencia y Ebrard como candidato al gobierno del Distrito Federal. Ebrard, que logró cierta aceptación como candidato, declina en marzo de 2000 en favor de Andrés Manuel López Obrador, candidato del PRD y de la llamada Alianza por la Ciudad de México (PRD/PT/Convergencia/PSN/PAS) a la Ciudad de México, con el que -de acuerdo al mismo Ebrard- existián las mayores coincidencias.

De 2000 a 2002, formó parte del consejo de asesores del jefe de gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador.

En 2002, fue nombrado secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, tras la renuncia de Leonel Godoy al frente de esta dependencia. Durante su administración, contrató los servicios del ex alcalde de Nueva YorkRudolph Giuliani, como asesor en materia de seguridad. El 6 de diciembrede 2004, por los sucesos de violencia en Tláhuac donde una turba linchó a tres policías federales, Ebrard fue removido del cargo por el presidente Vicente Fox.2 Él calificó esta destitución como una decisión política arrebatada de Vicente Fox.3

López Obrador incorporó entonces a Ebrard como Secretario de Desarrollo Social (SEDESOL-DF) en la ciudad. El apoyo que López Obrador otorgó a Ebrard levantó opiniones acerca de la predilección del gobernante de la ciudad por la candidatura del secretario.

Anuncios

One comment

  1. Ebrard ganó perdiendo

    Jorge Zepeda Patterson

    20 Noviembre 2011
    Marcelo Ebrard ganó perdiendo. No se hizo de la candidatura presidencial para el 2012, pero garantizó su emergencia como el hombre fuerte de la izquierda para el próximo sexenio.

    Quizá por ello no podía quitarse la sonrisa de la cara el martes pasado, durante la presentación del resultado de las encuestas que daban como vencedor a Andrés Manuel López Obrador.
    La candidatura presidencial era una aventura de baja probabilidad, por donde se le vea. Los triunfos del PRI en las últimas elecciones regionales (Estado de México y Michoacán) confirman que la delantera de Peña Nieto es una cuesta demasiado empinada para cualquiera de los contenientes. Derrotar al PRI en los comicios presidenciales no es una tarea imposible pero cada vez parece más peregrina.

    A cambio del dudoso honor de perder en julio próximo, Ebrard obtuvo ganancias constantes y sonantes. En su discurso de ungimiento López Obrador sugirió que la definición de candidatos para el Distrito Federal correrá por cuenta del actual Jefe de Gobierno. Es decir, candidatura presidencial a cambio del control del Distrito Federal por los siguientes seis años. Bajo el supuesto, evidentemente, que el PRD retenga la capital en las elecciones de 2012.

    Y si tal fuese el caso, para lo cual existe una más que aceptable probabilidad, el grupo de Marcelo se convertirá en la fracción más poderosa de la izquierda, con estructura y presupuesto propio. Y es que perdidas Zacatecas, Baja California Sur y Michoacán, el Distrito Federal sería la única entidad auténticamente en manos del PRD. Guerrero y Chipas están gobernados por priístas, pese a los membretes aliancistas (Gabino Cué en Oaxaca merecen un artículo por sí mismo).

    Apoyado en esta plataforma, y probablemente desde el senado, Ebrard tendrá varios años para construir su candidatura al 2018. Por un lado, ya no enfrentará la competencia de López Obrador, quien muy probablemente obtendrá un porcentaje inferior de votos en 2012 en relación al 2006 (35 por ciento) y, por ende, muy pocos incentivos para lanzarse por tercera ocasión para el 2018, cuando tendría 65 años de edad.

    Por otra parte, Marcelo estará en condiciones de rentabilizar, mejor que nadie, el probable desgaste del PRI en su regreso a la presidencia. Es muy posible que las expectativas generadas por la llegada Peña Nieto excedan las capacidades de su gobierno. Los males del país son en gran medida estructurales.

    El crimen organizado, la corrupción, la desigualdad, el abuso de los monopolios difícilmente habrán de evaporarse. La red de intereses que está detrás de Peña Nieto hacen poco probable la remoción de los factores que reproducen estos vicios de la sociedad mexicana.

    Es poco factible que el PAN logre capitalizar un nuevo desprestigio del PRI en el gobierno, al menos no tan pronto. Creo que el partido azul recorrerá un largo período de reconstrucción para lograr recuperarse del calderonismo. Por lo demás, es probable que la opinión pública tarde algún tiempo en perdonar los 12 años de mala alternancia, antes de concederle de nuevo un voto masivo.

    Con su discurso de progresista moderado, su fama de buen administrador público, y el apoyo del Distrito Federal, Ebrard sería para 2018 lo que fue Peña Nieto en este sexenio: un candidato natural al que le podría caer una presidencia en el regazo gracias a los errores de sus rivales y la ausencia de verdaderas alternativas.

    Paradójicamente para que eso suceda López Obrador tiene que hacer una buena competencia. Si el PRI obtiene la presidencia con una ventaja abrumadora, logra el control del Congreso y casi todas las entidades federativas, el tricolor podría inaugurar otro ciclo largo en Los Pinos. Y no porque un gobierno poderoso vaya a solucionar los problemas del país, sino simplemente por acumulación de fuerzas. Su control sobre la vida pública, los medios de comunicación, el aparato de justicia y sus recursos para la cooptación podrían ser tales que haga de las elecciones, otra vez, un acto meramente simbólico. Ya sucedió en Rusia con Putin.

    En cierta forma el 2018 se juega ahora en el 2012. Si hay comicios competidos, el gobierno que resulte estará obligado a la rendición de cuentas, tendrá que negociar, explicar y convencer. Seguirá sujeto a tribunales, aunque sea de manera precaria. Por el contrario, si recibe un cheque en blanco, olvidémonos de los exiguos saldos democráticos que pese a todo aún existen.

    Creo que Marcelo Ebrard habría sido un candidato más competitivo por su capacidad para atraer un voto moderado. Ahora dependerá de López Obrador y, probablemente de Josefina Vázquez Mota. Cada voto que logren quitarle a Peña Nieto será un certificado a favor de la alternancia, aunque sea seis años después. Salvo, claro, que el tabasqueño produzca ahora su milagro.

    http://www.jorgezepeda.net
    @jorgezepedap



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: